Innovación + Tecnología = Competitividad
España es un país de pymes, e incluso podríamos decir de microempresas. Según el Directorio Central de Empresas (DIRCE), a 1 de enero de 2009 había en nuestro país 3.355.830 empresas, de las cuales sólo el 5,3% empleaba a 20 o más trabajadores. El 94,4% de las pymes computadas, o no tiene asalariados o, como máximo, da empleo a nueve personas, y 8 de cada 10 tienen dos o menos empleados . Es evidente, por tanto, que dado el peso específico de este segmento empresarial en la economía española, de su comportamiento depende, en gran medida, el buen funcionamiento y la salud económica de nuestro país, aspectos intrínsecamente ligados con la productividad y la competitividad.
Para que una empresa sea rentable tiene que alcanzar un nivel adecuado de productividad, y ello condiciona que esa compañía sea competitiva en el mercado en el que actúa. En este sentido, el ‘Informe Global de la Tecnología de la Información 2008-2009’ del World Economic Forum destaca que una buena base educativa y altos niveles de capacidad e innovación tecnológicas son clave para que una economía sea competitiva, y los motores esenciales del crecimiento que se necesita para superar la crisis económica actual.
Por tanto, no podemos concebir una economía saneada sin apostar por la innovación. “Renovarse o morir”, dice nuestro refranero. Siempre ha sido así, y más aún ahora, cuando todo cambia a un ritmo tan vertiginoso que es muy fácil perder el hilo de las nuevas tendencias y quedarse obsoleto.
Ser innovador significa tener nuevas ideas, buscar nuevas estrategias de negocio, instaurar nuevos procedimientos, tener nuevos objetivos, y nuevas maneras de alcanzarlos… Y para ello, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) tienen mucho que aportar. De hecho, hoy día no se concibe la innovación si no va de la mano de las nuevas tecnologías.
El problema es que, normalmente, a menor tamaño, menos uso de las TIC realizan las empresas. A muchas microempresas y autónomos les cuesta innovar, son perezosos respecto a la adopción de las nuevas tecnologías. Las principales razones que alegan son la falta de formación y el desconocimiento de las posibilidades que les ofrece la tecnología, que se unen a la desconfianza que genera lo desconocido y a unos costes que consideran elevados. En este sentido, desarrollar acciones de concienciación, divulgación, formación, asesoramiento y financiación es clave para alcanzar la alfabetización digital de la pequeña empresa española.



