Innovacion_tecnologica
01.07.2010

Videojuegos "Made in Spain"

Por: Iuris.doc

Las cifras de la industria del videojuego a nivel mundial crecen año tras año. El presupuesto de algunas avanturas gráficas supera ya el de muchas películas y la adaptación a la gran pantalla de juegos de éxito se ha convertido en un subgénero. Sólo en Europa, la facturación en 2008 fue superior a 15.000 millones de euros.

Caleidoscopio_13_butllet
En este artículo
- Dentro de unas semanas verá la luz, con el respaldo del Ministerio de Cultura, la Academia de las Artes y las Ciencias Interactivas.
- Las asociaciones de desarrolladores han venido reclamando una legislación propia y mejor formación.
- La creación colaborativa y la apuesta por plataformas móviles son claves para el futuro del mundo de los videojuegos.

España, con 1.432 millones facturados es el cuarto país europeo y el sexto a nivel mundial en consumo de videojuegos. Además, dentro de nuestras fronteras este mercado representa el 57% del consumo audiovisual en general, por encima del cine y la venta de DVD y discos, según los últimos datos disponibles de aDeSe (Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento), los correspondientes al anuario de 2008.

Estas cifras, sin embargo, tienen un lado negativo. Y es que, del total de esta facturación tan sólo un 2% se queda en estudios de desarrollo españoles. Las causas de esta situación son claras, según los desarrolladores: falta de apoyo gubernamental y poca relevancia social de los creadores de videojuegos.

Pero las cosas empiezan a cambiar. No en vano, dentro de unas semanas verá la luz, con el respaldo del Ministerio de Cultura, la Academia de las Artes y las Ciencias Interactivas, que tendrá su sede en Madrid y estará presidida por Iván Fernández-Lobo, director de Gamelab, una de las ferias de videojuegos más importantes de toda Europa.

Hasta llegar a este momento, han sido necesarios algunos pasos previos que ya atisbaban un soplo de esperanza para la industria. Así, en marzo de 2009, el Congreso aprobó un proyecto no de ley que considera al sector del videojuego como industria cultural. Esta resolución fue muy bien recibida por la Asociación de Desarrolladoras Españolas de Videojuegos y Software de Entretenimiento (DEV), la Asociación de Desarrolladores de Ocio Interactivo Digital (DOID) y la Asociación de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento (aDeSE), que agrupan a la mayoría de creadores españoles.

Con este cambio de estatus, los desarrolladores de videojuegos esperan más apoyo, protección y difusión de sus creaciones y un reconocimiento mayor del trabajo artístico y tecnológico que hay detrás de sus aventuras gráficas. Un paso importante, sin duda, pero insuficiente. Para incentivar el desarrollo de software es necesario crear una legislación propia, como la que ya tiene la industria del cine. La regulación permitiría un impulso de la formación de nuevos desarrolladores, otra de las asignaturas pendientes. Másteres pioneros en la creación de videojuegos como los de la Complutense de Madrid o el de la Pompeu Fabra en Barcelona deben dejar de ser una rareza.

Aunque la innovación se ha asociado por defecto al concepto de videojuego, lo cierto es que no es del todo verdad. Durante muchos años los avances han afectado únicamente a mejoras gráficas vinculadas a hardware cada vez más potente y se ha dejado de lado la narrativa o la mejora de la interacción. Sin embargo, el éxito de consolas más sociales como la Wii de Nintendo, con productos menos espectaculares pero más “jugables”, y los juegos para móviles, por defecto menos potentes gráficamente, han cambiado esta tendencia.

No es extraño pues que la mayoría de las empresas españolas centren ahora sus esfuerzos en la creación de juegos para móviles, más simples, y mucho más rentables. Mientras la inversión media para el desarrollo de un juego para consola o PC es de 15 millones de euros, las aplicaciones para móviles cuestan una media de 150.000 euros.

La rentabilidad y crecimiento de la industria española del videojuego depende de su capacidad de adaptación a la demanda de un mercado cada vez más móvil y más social. El futuro de la industria, ligado cada vez más a Internet y las redes sociales, está en sistemas de creación y desarrollo colaborativos y en el uso de estándares abiertos.

 

Imagen: CC A Hermida

Las cifras de la industria del videojuego a nivel mundial crecen año tras año. El presupuesto de algunas avanturas gráficas supera ya el de muchas películas y la adaptación a la gran pantalla de juegos de éxito se ha convertido en un subgénero. Sólo en Europa, la facturación en 2008 fue superior a 15.000 millones de euros.

Caleidoscopio_13_butllet
En este artículo
- Dentro de unas semanas verá la luz, con el respaldo del Ministerio de Cultura, la Academia de las Artes y las Ciencias Interactivas.
- Las asociaciones de desarrolladores han venido reclamando una legislación propia y mejor formación.
- La creación colaborativa y la apuesta por plataformas móviles son claves para el futuro del mundo de los videojuegos.

España, con 1.432 millones facturados es el cuarto país europeo y el sexto a nivel mundial en consumo de videojuegos. Además, dentro de nuestras fronteras este mercado representa el 57% del consumo audiovisual en general, por encima del cine y la venta de DVD y discos, según los últimos datos disponibles de aDeSe (Asociación Española de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento), los correspondientes al anuario de 2008.

Estas cifras, sin embargo, tienen un lado negativo. Y es que, del total de esta facturación tan sólo un 2% se queda en estudios de desarrollo españoles. Las causas de esta situación son claras, según los desarrolladores: falta de apoyo gubernamental y poca relevancia social de los creadores de videojuegos.

Pero las cosas empiezan a cambiar. No en vano, dentro de unas semanas verá la luz, con el respaldo del Ministerio de Cultura, la Academia de las Artes y las Ciencias Interactivas, que tendrá su sede en Madrid y estará presidida por Iván Fernández-Lobo, director de Gamelab, una de las ferias de videojuegos más importantes de toda Europa.

Hasta llegar a este momento, han sido necesarios algunos pasos previos que ya atisbaban un soplo de esperanza para la industria. Así, en marzo de 2009, el Congreso aprobó un proyecto no de ley que considera al sector del videojuego como industria cultural. Esta resolución fue muy bien recibida por la Asociación de Desarrolladoras Españolas de Videojuegos y Software de Entretenimiento (DEV), la Asociación de Desarrolladores de Ocio Interactivo Digital (DOID) y la Asociación de Distribuidores y Editores de Software de Entretenimiento (aDeSE), que agrupan a la mayoría de creadores españoles.

Con este cambio de estatus, los desarrolladores de videojuegos esperan más apoyo, protección y difusión de sus creaciones y un reconocimiento mayor del trabajo artístico y tecnológico que hay detrás de sus aventuras gráficas. Un paso importante, sin duda, pero insuficiente. Para incentivar el desarrollo de software es necesario crear una legislación propia, como la que ya tiene la industria del cine. La regulación permitiría un impulso de la formación de nuevos desarrolladores, otra de las asignaturas pendientes. Másteres pioneros en la creación de videojuegos como los de la Complutense de Madrid o el de la Pompeu Fabra en Barcelona deben dejar de ser una rareza.

Aunque la innovación se ha asociado por defecto al concepto de videojuego, lo cierto es que no es del todo verdad. Durante muchos años los avances han afectado únicamente a mejoras gráficas vinculadas a hardware cada vez más potente y se ha dejado de lado la narrativa o la mejora de la interacción. Sin embargo, el éxito de consolas más sociales como la Wii de Nintendo, con productos menos espectaculares pero más “jugables”, y los juegos para móviles, por defecto menos potentes gráficamente, han cambiado esta tendencia.

No es extraño pues que la mayoría de las empresas españolas centren ahora sus esfuerzos en la creación de juegos para móviles, más simples, y mucho más rentables. Mientras la inversión media para el desarrollo de un juego para consola o PC es de 15 millones de euros, las aplicaciones para móviles cuestan una media de 150.000 euros.

La rentabilidad y crecimiento de la industria española del videojuego depende de su capacidad de adaptación a la demanda de un mercado cada vez más móvil y más social. El futuro de la industria, ligado cada vez más a Internet y las redes sociales, está en sistemas de creación y desarrollo colaborativos y en el uso de estándares abiertos.

 

Imagen: CC A Hermida

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