Escenario para la post-crisis

Alfons
Alfons Cornella
10.05.2010

Las crisis sirven para hacer aflorar lo que no funciona en un modelo económico, mientras que la innovación es el camino para encontrar soluciones capaces de resolver esos problemas. Así, todos sabemos ya a estas alturas que el modelo de crecimiento basado en la construcción y en industrias de poco valor añadido no tiene ni sentido ni futuro.

Y teniendo en mente el reciente bicentenario del nacimiento de Darwin, resulta más cierto que nunca que o nos adaptamos al nuevo escenario o morimos. No se trata de imponer nuestro propio modelo al mercado, sino de entender con agilidad cómo cambian nuestras posibilidades y, a su vez, cómo se transforma el valor que podemos aportar al mercado. En este sentido, hay que saber prescindir de productos o servicios que hemos producido históricamente y poner todas nuestras energías en lo que el mercado nos reclamará los próximos años.

Para ello, tener ideas no es suficiente, sino que además es preciso tener muchas ideas y ser capaz de llevarlas a la práctica. No en vano, la verdadera fuerza del innovador (siempre a contracorriente) se observa en la ejecución de sus proyectos. Tal como dice Michael Schrage, autor de Serious Play, “la innovación no es lo que hacen los innovadores, sino lo que realmente acaba aceptando el mercado en cada momento determinado”. Y en este momento que vivimos, el mercado va a prescindir de lo superfluo para concentrarse en lo que nos haga la vida más fácil. Por lo tanto, en este escenario de post-crisis hay que tener una actitud más abierta que nunca, mirar hacia atrás si es necesario (para no repetir errores), estar atentos a lo que piden los consumidores y buscar las soluciones más simples a los problemas diarios, ya sea a escala local o global.

Otro elemento a tener en cuenta, además de la actitud, es el tiempo: las crisis sirven para cuestionar el status quo, pero una vez analizada la situación hay que avanzar, cambiar, recomponer, rectificar, reinventar… y aquí el tiempo juega un papel importante. La ventana de tiempo para ponerse a innovar no es infinita. Puede ser que en 2010 ya no queden recursos para reinventarnos. Este país está lleno de personas “normales” que hacen cosas extraordinarias, que centran sus esfuerzos en intentar resolver ahora los problemas que, de no hacerlo, serán irresolubles en el futuro, como el medioambiental, el energético o el educativo. Se trata de gente que apuesta por las industrias de futuro, las que fundamentarán la industria y los servicios de las próximas décadas. Ante la disyuntiva sobre si la solución a la crisis debe venir a través del modelo Keynesiano de intervención del Estado o si, contrariamente, debemos dejar fluir la “destrucción creativa” de Schumpeter, la salida del laberinto debería ser una combinación de los dos factores: la solidez del Estado y la visión de los innovadores y emprendedores.

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