A nadie le gusta pagar impuestos

¿A quién le gusta pagar los impuestos? Pues la respuesta está clarísima como el agua: a nadie. Casi todos los ciudadanos y ciudadanas ven los pagos de impuestos como “castigos” que el gobierno se encarga de tensar cada vez más, mandato tras mandato, alegando que la crisis mundial, las epidemias, el terrorismo, o la calamidad de turno así lo exigen… más allá de explicaciones, no cierto es que en este punto debemos, nosotros los contribuyentes, ver la parte positiva del pago de impuestos, porque lo tiene, aunque nos fijemos en ese filón de la historia cotidiana. Por ejemplo, ¿sabemos con qué se paga el servicio de reparación de calles y alcantarillado? Pues les cuento que con los impuestos que pagamos mensualmente.

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Como lo leen. A pesar de que sentimos que ese dinero cae en saco roto, lo cierto es que se destina a labores sociales que nos benefician directa o indirectamente en nuestra vida cotidiana. El impuesto o tributo se calcula en dependencia de las ganancias que el ciudadano tenga. Para eso es imprescindible contratar un tenedor de libros o un contable que lleve las finanzas del negocio. No se trata solo de saber cuánto debemos pagar al fisco (que es un asunto mayor en un negocio respetable), sino que es la única manera de tomarle el pulso a la producción, y saber si tenemos un negocio prospero o a punto de la bancarrota.

Además, tener en orden los libros contables ayuda mucho al negociante a saber cuándo es el mejor momento para invertir en nuevas maquinarias, o emplear a más personal. De la misma manera, si las cuentas están en números rojos, el empresario podrá tomar medidas a tiempo, para evitar las deudas con el banco, o el incumplimiento del pago del salario a sus empleados. Además, es muy común que los negocios pasen por rachas malas en este año, que tanta escasez de liquidez ha traído al país. Según las encuestas de medios de prensa especializados en temas económicos de nuestro país, lo que ha salvado a muchos negocios, sobre todo pequeños y medianos, manejados por familias, es que han sabido sortear la crisis financiera con medidas a corto plazo, previendo que no se debe llegar nunca a los impagos, porque eso daña la imagen del negocio, y sobre todo las relaciones entre los empresarios y sus trabajadores y clientes en general. Dejemos claro una cosa: no estamos en tiempos de grandes ganancias. En este 2015 se trata de sobrevivir la crisis.

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